martes, 1 de abril de 2008

La fantástica máquina salpica-realidad

El agotamiento causado por actividades diarias fue acrecentado por una situación relacionada al aire y a su ausencia de la llanta del auto de mi esposa. Era más que obvio que siendo el hombre de la casa era responsabilidad mía la reposición por un neumático lleno de esperanzas en ser usado y de aire. No solo eso, además una serie de tareas no muy dignas pero necesarias relacionadas con ropa sucia y el traslado de esta en fundas hacia la casa de mis padres donde se encuentra un maravilloso aparato llamado lavadora, que aparentemente el Dr. Filkenstein no puede crear para nosotros porque "¡que dirían los otros doctores si hago algo que ya inventaron!", me tiene en un estado zombiesco comparable solo al cansancio de levantar un automovil por 3 minutos para sacar a un gato de abajo.

Un gato que se mueve muy lento.

Ahora estoy en el trabajo, al cual llegué tarde por los eventos antes mencionados y por lo cual recibí una reprimenda y una multa económica equivalente a 1 funda de chicle, 9 vasos de jugo fresco, 8 zapatillas usadas, 2 muñecos de porcelana sin pintar y tantas otras cosas inservibles que se pueden comprar con esa cantidad de dinero.

Mas allá de eso, el día, que a mi parecer es demasiado extraño para ser cierto, se encuentra salpicado de normalidad y aburrimiento, hay una escasez de fantasía y estaba empezando a sospechar del Dr. Filkenstein y de Arquímides pero ambos se encuentran desaparecidos. Intenté llamar a Arquímides pero mi teléfono me da la bienvenida a Porta aunque yo no me he movido de mi puesto en 3 horas, es inusual que escuche ese mensaje cuando se muy bien que Arquímides usa la red astral de conexión celular con la cual según él se puede llamar a Dios, lo cual hemos intentado (a pedir unas cuantas explicaciones) pero convenientemente siempre está ocupado.

El Dr. Filkenstein no usa celular nunca porque dice que te roba el alma, bah, cosas de él.

No puede haber otra explicación, de seguro el Dr. Filkenstein inventó alguna máquina fantástica que salpica realidad y está probándola conmigo ahora mismo, esperando oírme gritar de desesperación para apagarla, creo que no le daré el gusto. Ocuparé mi tiempo hasta que se aburra y la apague. Ojalá sea pronto porque ya olvidé cual era mi trabajo.

1 comentario:

Daniela dijo...

Si en efecto ha creado tal invento desastroso deberías ir buscando con qué martillo destruirlo, de realidad ya hay demasiado mejor llenémonos de fantasía...