lunes, 4 de junio de 2007

Reposiciones genéticas

Hoy la pasamos bien.

Fue bastante grata la exposición "Mariposas imaginarias de otras dimensiones y gente que cree en ellas" que ofreció el Dr. Filkenstein en el techo de la casa, pudimos disfrutar de la belleza de una amplia gama de mariposas existentes e imaginarias (en mi opinión las que se robaron el show), además de la presencia del famoso Fililigólogo Johanus Martil Tercero... en hablar. Él nos explicó las funciones mentales de la gente que decide (son sus palabras) volverse incapaz de disfrutar del maravilloso espectáculo de las mariposas imaginarias y sus colores inventados.

A este lindo show fuimos en familia y todo fue muy entretenido, todo excepto un pequeño incidente que alcanzó grandes alturas, grandes alturas por culpa de mi hijo, ya que él tiene una característica especial.

Verán, él puede volar.

Esta capacidad la tiene desde que nació (no hace mucho tampoco) y le permite desplazarse a su propio ritmo por las corrientes de aire, subiendo y bajando a la velocidad que él desee. Según los doctores, esto sucedió en base a los anhelos de ambos padres de emprender el vuelo durante casi toda su vida. A mi esposa y a mi nos pareció algo fantástico al principio, pero con el tiempo nos dimos cuenta que es más difícil cambiar el pañal de un niño agarrado de la lámpara de techo.

Entonces comprenderán porque hubo problemas en la exposición, cuando las mariposas empezaron el espectáculo todo estaba bien, pero cuando llegaron a la parte de los trucos de magia y llamaron a un voluntario, mi hijo se empecinó en ser él el voluntario, aunque ya la mariposa-mago había escogido a un señor de semblante azul y corbata negra que aplaudía con entusiasmo hasta cuando le llevaron una bebida con, horror, un insecto en ella. Al final la bebida se la cobraron al insecto.

La mariposa-mago le indicó al señor que deje de aplaudir, que los aplausos la ponen nerviosa porque así su prima perdió un ala. Mi hijo se acercaba con rapidez al escenario, y cuando vio que el guardia de seguridad no le permitiría el paso, se elevó y le pasó por encima, pero por hacer eso se enganchó en uno de los cables invisibles que usaba la mariposa-mago para la parte de la levitación (lo cual no tiene mucho sentido, teniendo alas la mariposa) y como es un niño pequeño, al primer síntoma de problemas empezó a llorar y llamar a sus padres.

El show se detuvo y yo, sin saber que estaba atorado en el cable invisible (¡porque no lo vi!) empecé a gritarle:

- ¡Daniel Silver baja de ahí en este momento!
- ¡Waaaaaaa!

Ese fue más o menos nuestro diálogo, del cual pude deducir muchas cosas, como por ejemplo, que estaba atorado en un cable invisible, que quería bajarse y que tenía hambre, así somos los padres. El Dr. Filkenstein se ofreció a inventar un increíble gadget capaz de reducir por momentos la gravedad de la tierra de forma que podamos levitar hasta el niño y liberarlo, pero luego de muchos cálculos se llego a la conclusión que eso crearía un desbalance tan grande que la existencia del ser humano peligraría, por lo que buscamos una escalera.

Mi esposa dice que envidio a Daniel porque él puede volar y yo quería tanto hacerlo, y tiene un poco de razón pero solo un poco. Igual me alegro mucho por él, solo espero que cuando crezca, lleve a su padre a dar un paseo por las nubes.

2 comentarios:

Belisa Crepusculario dijo...

Hum...curioso ese hilo invisible...para mi que esa mariposa no podía volar de verdad...

Long John Silver dijo...

Exacto!